Por: Victor Novoa
El hombre que fui, el padre que soy.
Hace unos años, mi pasaporte era mi carta de presentación. Un hombre de treinta y tantos años, mochila al hombro, siempre entre un vuelo de salida y una idea loca.
Cruzaba ciudades con la misma naturalidad con la que otros cambian de canal. Nació Joaquín —mi hijo— cuando yo aún vivía en esa versión nómada de mí mismo. No lo planeé, pero cuando lo tuve en brazos por primera vez, con sus manitas cerradas como puños diminutos, entendí que la paternidad no era un punto de llegada, sino una nueva ruta en el mapa de mi vida como hombre.
Este artículo no es sobre renunciar a los sueños, es sobre cómo la paternidad los ha hecho más grandes, más profundos, más reales. Joaquín no me frenó, se subió al tren. Y yo, en el proceso, me estoy convirtiendo en el hombre que siempre quise ser: uno que viaja, que sueña, que enseña con el ejemplo y que construye un legado con cada kilómetro compartido.
Viajar es mi forma de entender el mundo, no era turismo de postal. Esos paisajes me enseñaron más que cualquier universidad. Cuando nació Joaquín, muchos asumieron que eso se acababa. “Ahora toca estabilidad”, decían, pero yo no quería estabilidad; quería autenticidad, y la autenticidad, para mí, siempre ha estado en movimiento.
Decidí que Joaquín crecería con el mismo fuego, no como imposición, sino como herencia natural. Quiero que conozca los lugares que me formaron. Que sea viajero como yo, pero a su manera.
Ser padre no me hizo menos hombre. Me hizo más completo. Ahora viajo con mi esposa y un copiloto de 1 metro que pregunta “¿cuándo llegamos?” cada 15 minutos. Y en esa tensión —entre mi ritmo acelerado y su curiosidad infantil— he encontrado un nuevo equilibrio. La paternidad me ha obligado a ser más paciente, más ingenioso, más fuerte. No es sacrificio; es crecimiento.
Este camino me está moldeando como hombre. Aprendo a liderar con ternura, a proteger sin asfixiar, a soñar sin egoísmo. Joaquín se ha sumado a mis viajes, a mis sueños, hasta que los suyos tomen forma. Y en ese “hasta que”, estoy construyendo algo más grande que yo: un hombre en movimiento que no se detiene, que incluye, que transmite.
No todo ha sido fácil, pero todo ha valido la pena. Estos no son viajes de padre perfecto. Son viajes de hombre real: con cansancio, con errores, con improvisación. Pero en cada uno, Joaquín aprende que el mundo es grande, diverso, vivo. Y yo aprendo que ser fuerte no es ir solo; es llevar a alguien más en el corazón.
Lo que quiero para Joaquín (y para mí) es que no tema perderse, que busque la música en los rincones, que hable con extranjeros, que duerma bajo las estrellas. Pero no quiero que sea como yo. Quiero que sea mejor. Que tenga mis pasiones, pero con su voz. Que un día me diga: “Papi, voy a Islandia solo” y yo, con orgullo y algo de nostalgia, le daré mi mochila vieja. Por ahora, viaja con nosotros. Se sube a mis sueños como quien se sube a un columpio. Y yo sigo adelante: más maduro, más consciente, más hombre. La paternidad no me quitó libertad; me dio propósito.
Joaquín tendrá sus propios sueños. Quizás quiera ser periodista, chef o fotógrafo. Sea lo que sea, yo estaré ahí: no para dirigir, sino para acompañar al inicio. Porque este tiempo juntos —él en mis rutas, yo en su crecimiento— es la base de todo. Mientras tanto, seguimos. El próximo destino: lo estamos planeando.
Y en cada paso, seguiré creciendo como hombre, como padre, como viajero. Porque la paternidad no es el fin del camino, es el comienzo de uno mucho más grande. Y mi esposa, Joaquín y yo, apenas estamos empezando.
Somos una revista para hombres reales, una guía para todos quienes buscan ser mejores tanto en el hogar como en el trabajo; con la familia y con la pareja, como padre y esposo. Los roles del hombre cambian con cada generación y la paternidad ahora es diferente, así como el trabajo, el matrimonio y las relaciones. El Hombre de la Casa se trata de hombres que ayudan a otros a ser mejores.
El Hombre de la Casa es algo diferente, algo que sabemos has estado buscando por mucho tiempo. Únete a la verdadera evolución masculina.