Por: Santiago Gómez
Durante mucho tiempo, en Ecuador —como en gran parte de Latinoamérica— el papel de nosotros, los hombres, dentro de la familia fue claro y casi incuestionable: debíamos ser los proveedores, los que salíamos temprano, los que trabajábamos sin descanso y los que regresábamos cuando todos dormían. Nuestra función estaba asociada al sacrificio silencioso, a “mantener la casa”, aunque eso significara no habitarla del todo. Estoy seguro de que sientes que hablo de tu papá o tus abuelos.
El hombre era una figura respetada, sí, pero también distante. Un padre que muchas veces enseñaba con el ejemplo del esfuerzo, pero no siempre con la cercanía del diálogo. Esa imagen formó parte de nuestra cultura por generaciones: hombres que no lloran, que no se quiebran. Hombres que se hacen cargo.
Sin embargo, algo empezó a cambiar. En las ciudades, en los valles, incluso en comunidades más pequeñas, los hombres comenzaron a cuestionar ese modelo. Y lo hicieron desde lo más simple: queriendo estar más presentes.
Hoy, mientras manejaba, escuchaba a Johnny Cañar Sánchez animando la mañana en la radio “La Metro”, y algunos niños le mandaban mensajes al WhatsApp para pedir canciones. Le contaban que estaban con sus padres yendo a la escuela o dándoles el desayuno, etc. Veo que cada vez más padres ecuatorianos llevan a sus hijos al colegio, cocinan, acompañan las tareas o se sientan a conversar sobre lo que sienten. “Los padres luchones”, los llama Johnny.
En muchos hogares, ese cambio no ha sido una moda, sino una “revolución silenciosa”. Porque detrás de cada padre o esposo que decide involucrarse más, hay una historia de aprendizaje: la de alguien que entendió que el amor no solo se demuestra “saliendo a trabajar”, sino también “quedándose y compartiendo”; es decir, “haciéndose cargo” de las tareas de la casa.
El rol masculino en la familia moderna ecuatoriana está evolucionando hacia algo más humano y completo. Ya no se trata solo de “ser el proveedor”, sino de “ser parte viva del hogar”: escuchar, cuidar, enseñar y dejarse enseñar. Y con parte viva me refiero a ser parte de la emoción y el sentimiento que se comparte en casa. La masculinidad que antes se medía en fortaleza, hoy también se mide en ternura, en tiempo de calidad y en presencia emocional.
Muchos hombres que crecimos sin escuchar un “te amo” de nuestro padre hoy hemos roto ese patrón. Aprendemos y nos permitimos abrazar, pedir disculpas, hablar de lo que nos pasa. Estamos descubriendo que mostrar afecto no nos resta autoridad ni respeto; nos da algo más profundo: conexión con nuestros hijos y con nuestras esposas.
Por supuesto, el cambio no ha sido igual para todos. En muchos lugares del país todavía pesa la tradición, la idea de que el hombre “ayuda” cuando hace algo en casa, en lugar de asumir que también es su responsabilidad. Pero la conversación ya empezó, y eso, en sí mismo, es un avance enorme.
Ecuador es un país de familias cercanas, de sobremesas largas, de padres e hijos que se acompañan, aunque no siempre lo digan con palabras. Tal vez por eso, este cambio tiene tanto sentido aquí: porque cuando el hombre se permite ser más emocional y presente, “la familia entera se fortalece”.
La evolución del rol masculino no busca reemplazar nada, sino “equilibrar”. Que haya espacio para el trabajo y también para el afecto. Para el esfuerzo y también para el descanso compartido.
Al final, no se trata de dejar de ser un pilar, sino de aprender a ser parte de la raíz: alguien que sostiene, pero también nutre. Y debemos entender que un hogar no tiene un pilar, sino dos.
Y quizás, cuando miremos atrás dentro de algunos años, descubramos que el cambio más importante en nuestras familias ecuatorianas no fue económico ni tecnológico, sino “emocional”: el de los hombres que decidieron estar. Y, pues… ¡claro! Gracias, mujeres, porque nos han permitido atravesar esa evolución.
Somos una revista para hombres reales, una guía para todos quienes buscan ser mejores tanto en el hogar como en el trabajo; con la familia y con la pareja, como padre y esposo. Los roles del hombre cambian con cada generación y la paternidad ahora es diferente, así como el trabajo, el matrimonio y las relaciones. El Hombre de la Casa se trata de hombres que ayudan a otros a ser mejores.
El Hombre de la Casa es algo diferente, algo que sabemos has estado buscando por mucho tiempo. Únete a la verdadera evolución masculina.