
Dormir bien debería ser lo más fácil del mundo. Pero entre el estrés del trabajo, los pendientes del día y el celular que no deja de brillar, el descanso termina siendo una misión imposible.
Si ya probaste de todo —desde contar ovejas hasta ver “algo tranqui” en Netflix—, prueba con estos pasos. Sin drama, sin gurús, sin incienso.
Tu cuerpo no es una app, pero también necesita rutina. Intenta dormir y despertar a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana.
Siete horas es el mínimo, ocho está perfecto. Si pasan 20 minutos y sigues con los ojos como platos, levántate, lee algo o pon música relajante. Vuelve a la cama solo cuando el sueño te gane la batalla.
Ni el estómago vacío ni la parrillada de las 10 p. m. ayudan. Come con tiempo y evita las comidas pesadas.
Y sí, una copa puede darte sueño, pero más tarde el cuerpo te pasa la factura: sueño interrumpido y cero descanso real. La cafeína y la nicotina también hacen de las suyas, así que dales un descanso.
Oscuro, fresco y sin pantallas. Así debería ser tu habitación. No hace falta convertirla en un spa, pero apaga el celular un rato antes y deja que tu cerebro entienda que es hora de dormir.
Si el ruido molesta, prueba con tapones o ventilador. Y si puedes, tómate una ducha caliente antes: funciona.
Dormir una hora a mitad del día puede ser gloria… o sabotaje. Si vas a hacerlo, que sea breve y nunca después de las 5 p. m.
¿Trabajas de noche? Entonces sí, una siesta estratégica antes del turno puede salvarte.
El ejercicio es como un botón natural de “reinicio”. No necesitas volverte atleta: caminar, subir escaleras o hacer algo al aire libre basta.
Solo evita hacerlo justo antes de dormir o terminarás más activo que relajado.
Tu cabeza no es una agenda. Anota lo que te ronda y déjalo para mañana.
Aprende a soltar, priorizar y delegar. Si la ansiedad insiste, prueba respirar profundo o meditar. No es cosa de monjes, es salud mental.
Dormir bien no es un lujo, es parte del mantenimiento del cuerpo. Menos café, más rutina y cero pantallas a medianoche.
Porque al final, un hombre que duerme bien piensa mejor, rinde más y envejece más lento. Y eso, amigo, también es estilo de vida.
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